Tradición y fe: El Señor de los Milagros

Tradición y fe: El Señor de los Milagros

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Por: Otty Barreto

La fe, el pilar inquebrantable de una nación que mueve a cientos, a miles. Somos un pueblo de fe, lleno de creencias religiosas, de ritos y costumbres que han alimentado nuestro rico pasado, nos mantienen a flote y marcan los cimientos de un futuro aún incierto pero posible.

Sincretismo religioso producto de un choque cultural

Pese a las sanciones y castigos corporales sufridos a manos de la Santa Inquisición y pese a la destrucción de objetos considerados sagrados, la imposición de una nueva religión en el periodo hispánico no logró desaparecer totalmente las creencias de las poblaciones originarias. “La destrucción total de los ídolos fue casi tarea imposible, porque en ciertos casos las Huacas y los ancestros tenían como representación y lugar de culto una montaña, una enorme roca, una fuente, una laguna, un fenómeno meteorológico, una anomalía física, una forma percibida en el paisaje”. (Duviols, 1977)

Además, los bailes y los cánticos acompañados de intrumentos andinos, que siguieron presentes en los rituales clandestinos, pasaron a formar parte de las ceremonias religiosas. “El culto a las imágenes de Cristo, a la Virgen, la celebración de las fiestas patronales, el Corpus Christi, las Cruces de Mayo y las procesiones formaban parte de un acervo religioso público que rápidamente fue recepcionado por los indios desde una praxis agencial, dando como fruto una propia identidad religiosa católica”, (Marzal, 2002).

La Pachamama, venerada por los incas, pasó a reflejarse en la devoción a la Virgen María. Cada Apu o monte sagrado también quedó perennizado en la adoración del Cristo crucificado en sus varias representaciones y de los santos, la mayoría de ellos adoptados como patrones en muchas provincias del Perú. Un sincretismo religioso se fue moldeando con el paso de los años hasta llegar a las manifestaciones que hoy apreciamos a lo largo del país.

El Señor de los Milagros

Una de estas manifestaciones, quizás la más grande de América, es la del Señor de los Milagros. Todo un mes en honor al Cristo crucificado, una imagen pintada a mediados del siglo XVII en un muro de adobe en el barrio de Pachacamilla (Lima), lugar de descanso de los indios y negros esclavos de la época.

Según Raúl Porras Barrenechea, destacado historiador peruano, el autor fue Pedro Dalcón venido de Angola, uno de tantos africanos que entre esclavos y hombres libres encontraron en las cofradías una válvula de escape para la condición de opresión que sufrían en el Perú. De ahí el nombre del Cristo moreno.

Pachacamac y el Señor de los temblores

Para la historiadora María Rostworowski, esta veneración tendría relación con el culto milenario al dios Pachacámac, dios encargado del equilibro en el mundo, entre otros vinculado a los movimientos sísmicos. “Cuando temblaba la tierra, los naturales de Pachacamac imploraban a su antigua huaca cuyo principal atributo era dominar las ondas sísmicas. Es comprensible que los negros esclavos, ante los movimientos telúricos, se uniesen a los indígenas en sus súplicas (…) Al disminuir y casi desparecer los antiguos pobladores de los valles de la costa central, los negros quedaron como los herederos de aquellas creencias yunga.” (Rostworowski, 1992).

Recordemos que la veneración al Cristo de Pachacamilla surgió al margen de la jerarquía eclesiástica de la época, y que posteriormente se le dio amparo y reconocimiento debido a la masificación de su culto. Mismo que se incrementó después del terremoto de 1655. Un suseso a pesar de causar muertos y heridos de consideración, y de destruir gran parte de la cuidad de Lima, no hizo daño al muro de adobe con la imagen. Réplicas posteriores tampoco lograron traerlo abajo.

En la madrugada del 20 de octubre de 1687, Sebastián de Antuñano, gran impulsor de la fe al Señor de los Milagros, tuvo la idea de sacar en procesión un lienzo que era copia del Cristo del mural. Esta sería la primera de muchas procesiones que hasta el día de hoy reunen a gran cantidad de fieles, y que, como un eco u onda expansiva se replican en diversos lugares dentro y fuera del país.

Pachacamac, deidad prehispánica.

Túnicas moradas en honor al nazareno

El uso del hábito morado se inició con doña Antonia Lucía Maldonado Verdugo que, por esas épocas, solía reunirse con algunas devotas para venerar la pasión y muerte de Jesucristo al lado del mural, para lo cual usaban este color característico de Jesús Nazareno. Hoy en día con el uso de esta indumentaria se mantiene una promesa de fe.

Nuevamente, este mes de octubre, el aroma a incienso volverá a llenar las calles de Lima, y el color morado vestirá sus plazas para recibir las andas del Señor de los Milagros. Y hoy más que nunca la fe podría lograr lo que un día se obtuvo con esta veneración: minimizar las diferencias que siguen abriendo brechas en nuestra sociedad.

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https://www.cuscoperu.com/es/festividades-y-eventos/setiembre-octubre/el-senor-de-los-milagros

https://www.noticiasfides.com/opinion/miguel-manzanera-sj/de-la-pachamama-a-la-virgen-maria-2096

https://www.ytuqueplanes.com/blog-viajero/nacional/deja-fluir-tu-fe-por-el-senor-de-los-milagros

https://www.casadelaliteratura.gob.pe/publicacion-la-semana-pachacamac-senor-los-milagros-maria-rostworowski/

https://pueblosoriginarios.com/sur/andina/inca/pachacamac.html

http://miscelanea-rafo.blogspot.com/2010/10/por-que-es-morado-el-habito.html

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