La estigmatización del suicidio

La  estigmatización  del suicidio

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Por: Melva La Torre

Según la Organización Mundial de la Salud, en el mundo más de 700 000 vidas se pierden a causa del suicidio. Más aún, se estima que cada 40 segundos una persona se quita la vida.

Nadie es invulnerable. Todos, en algún momento, hemos tenido que afrontar situaciones difíciles e incluso traumáticas. Nos hemos sentido deprimidos o sin el control de nuestras vidas y muchos han llegado al punto de desear liberarse de esa sensación que los oprime, para finalmente recurrir al suicidio. 

El páramo actual

Según el Banco Mundial, por cada 100 000 habitantes 9 se suicidaron en el mundo y 3 en nuestro país (2019). Por ello, Perú era uno de los países con la menor tasa de suicidios a comparación de otros como Guyana, Corea del Sur Sri Lanka, los cuales presentaron el mayor número de morbilidad por esta causa.

Sin embargo, en el 2021, el Ministerio de Salud precisó que el número de muertes por suicidio han aumentado progresivamente. Esto se debe, en su mayoría, por los efectos que ha traído consigo la pandemia tales como la inestabilidad económica, distanciamiento social y, sobre todo, la perdida de familiares y amigos.

En el 2022, la entidad antes mencionada, señaló que más de 1000 personas morían a causa del suicidio y que este ha pasado a ser la segunda causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 19 años. Además, señaló a la población que siempre están abiertas las  líneas telefónicas gratuitas y confidenciales, como el 113, para que tanto ellos como quienes los rodean puedan comunicarse y reciban apoyo en este tipo de circunstancias. Un servicio que tambien pueden encontrar en los Centros de Salud o los Centros de Salud Mental Comunitario a nivel nacional. 

Un llamado de ayuda

A pesar de ser parte de nuestra realidad, muy poco se habla del suicidio. Es usual que se le asocie con la depresión o la desesperanza. Sin embargo, existen muchos factores, sociales, emocionales o médicos, que pueden influir al desarrollo de las pensamientos suicidas. 

Es común que las personas que viven esta situación guarden silencio o solo dejen ver pequeños atisbos de lo que está pasando a través de su conducta o de sus palabras. Más aún cuando hay tabúes y mitos que circulan alrededor del tema, los cuales pueden ser freno para pedir ayuda o aceptar el problema. Además del estado de negación que suelen tener sus parientes más cercanos.   

Es habitual escuchar “las personas que quieren suicidarse no lo dicen” o “es mejor no hablar del tema para no generar ideas”. No obstante, es todo lo contrario. Según un estudio del Instituto de Trabajo y Servicios Sociales, en España, “el 60% de las personas que se quitan la vida ha pedido ayuda de alguna o de otra manera durante la semana en que se acaban suicidando. Y el 25% en el mismo día”. Además, se suele relacionar únicamente la depresión con el suicidio, sin embargo, es posible encontrar entre otras causas las enfermedades mentales y el entorno social. 

Por otro lado, la estigmatización no solo afecta a quien está pasando por este tipo de situaciones, sino también a su familia. Esto conlleva que en muchos casos el intento de comunicación se pierda por miedo a que la sociedad etiquete de “loco” al suicida en potencia. Además, es frecuente que después de verse frustrado el acto, se tienda a juzgar al sobreviviente.

La falta de concientización y la poca difusión sobre este problema evita que las personas puedan recibir ayuda mucho antes de quitarse la vida. Las etiquetas, mitos y estigmatizaciones hacen que sea muy difícil afrontarlo de una manera saludable. Una persona no deja de ser un posible suicida porque la depresión disminuya o porque su conducta comienze a ser la misma de antes. Es un proceso que toma tiempo y esfuerzo, no solo de uno mismo, sino también de quienes los rodean.

Una de las principales formas de luchar contra el suicidio es dándole prioridad e importancia a nuestra salud mental y emocional, así como mantener abiertos los puentes de comunicación con nuestras familias o personas de confianza para poder acudir a ellas si fuese necesario. Además de aceptar que no siempre podremos estar bien, que habrá momentos donde nos sintamos al filo del abismo, sin otra opción más que cometer actos que atenten con nuestras vidas y es en esos momentos donde es necesario saber que no estamos solos.

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