LOS CUATRO PILARES DE LA EDUCACIÓN

LOS CUATRO PILARES DE LA EDUCACIÓN

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Por: Mario Vásquez Cohello

La educación es uno de los derechos elementales que tiene la humanidad. En nuestro país está amparado por las leyes y la Constitución Política, sin embargo, la realidad que observamos nos demuestra que para algunos la educación es un derecho inalienable, mientras que para otros es una alternativa inviable.

Jacques Delors (1925) es un político francés de mucha experiencia que presentó ante la UNESCO un informe que se titula “la educación encierra un tesoro”. Uno de los temas más relevantes en dicho texto es el referido a los cuatro pilares de la educación. Conocido también como el Informe Delors, contiene un estudio minucioso y académico sobre la educación y cómo debemos abordarla en este siglo XXI.

Habiendo pasado por una serie de cambios estructurales debido a la pandemia, la educación ha tenido que adecuarse apoyándose en la tecnología. Surgieron nuevos retos producto del confinamiento y más ahora, que las clases regresan a la presencialidad. Urge, entonces, retomar los cuatro pilares de la educación que nos permitan reflexionar sobre nuestro contexto educativo.

Para Delors la educación debe fundamentarse en cuatro ejes necesarios que resultan ser los pilares del conocimiento: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser. Haré una síntesis de estos citando a Delors y haciendo algunos comentarios.

Aprender para conocer supone, en primer término, aprender a aprender, ejercitando la atención, la memoria y el pensamiento. La vertiginosa sucesión de informaciones en los medios de comunicación y el frecuente cambio del canal de televisión, atenta contra el proceso de descubrimiento, que requiere una permanencia y una profundización de la información captada”. Nótese en este pilar que la memoria esta entre la atención y el pensamiento, y quiero enfatizar a la memoria, como proceso cognitivo, porque en la actualidad educativa hay un menoscabo con respecto a ella, como una secuela del aprendizaje tradicional o conservador, y para Delors la memoria resulta ser un “un antídoto necesario contra la invasión de las informaciones instantáneas que difunden los medios de comunicación masiva. Desde luego, hay que ser selectivos, en la elección de los datos que aprenderemos de memoria, pero debe cultivarse con esmero la facultad intrínsecamente humana de memorización asociativa, irreductible a un automatismo”. Ello sin demérito al papel que cumplen la atención y el pensamiento.

Aprender a hacer no hace referencia a preparar a un estudiante para que realice algo o algún tipo de bien material, ni hace referencia a la mera trasmisión de quehaceres prácticos. Siendo así, el informe contiene la siguiente pregunta: “¿cómo enseñar al estudiante a poner en práctica sus conocimientos y, al mismo tiempo, como adaptar la enseñanza al futuro mercado del trabajo, cuya evolución no es totalmente previsible?” La interrogante es totalmente pertinente, más aún en un contexto de velocidad tecnológica y cognoscitiva, por ello es importante “aprender a hacer a fin de adquirir no solo una calificación profesional, más generalmente una competencia que capacite al individuo para hacer frente a gran número de situaciones y a trabajar en equipo. Pero, también, aprender a hacer en el marco de las distintas experiencias sociales o de trabajo que se ofrecen a los jóvenes y adolescentes bien espontáneamente a causa del contexto social o nacional, bien formalmente gracias al desarrollo de la enseñanza por alternancia”.

Aprender a vivir juntos. “¿Sería posible concebir una educación que permitiera evitar los conflictos o solucionarlos de manera pacífica, fomentando el conocimiento de los demás, de sus culturas y espiritualidad?” Esta pregunta es muy adecuada, no solo por el contexto que se vive en Europa del este y que mantiene en vilo a la humanidad o por el arsenal nuclear que guardan las llamadas potencias, sino porque, así como nos solidarizamos con los hombres, mujeres, niños y niñas que viven este fatal momento bélico, nos debe indignar también la crisis en qué se encuentran los refugiados sirios, yemenís o libios. Nos debe movilizar a la paz mundial la situación que se vive en el medio oriente, y de manera especial con los palestinos. Aprender a vivir juntos no significa solamente reflexionar y levantar las banderas de la paz cuando un país blanco y europeo es agredido, sino cuando a cualquier ser humano, independiente de su credo, cultura o condición social se le haya vulnerado su derecho elemental, como es el derecho a vivir con dignidad. Por ello Delors pregunta “¿Cómo mejorar esta situación?” y la respuesta es muy acertada: “Dar a la educación dos orientaciones complementarias. En el primer nivel, el descubrimiento gradual del otro. En el segundo, y durante toda la vida, la participación en proyectos comunes, un método quizá eficaz para evitar o resolver los conflictos latentes”.

Con respecto a aprender a ser, en el informe explica que “desde su primera reunión, la comisión ha reafirmado enérgicamente un principio fundamental: La educación debe contribuir al desarrollo global de cada persona: cuerpo y mente, inteligencia, sensibilidad, sentido estético, responsabilidad individual, espiritualidad. Todos los seres humanos deben estar en condiciones, en particular gracias a la educación recibida en su juventud, de dotarse de un pensamiento autónomo y crítico y de elaborar un juicio propio, para determinar por sí mismos qué deben hacer en las diferentes circunstancias de la vida. En un mundo en permanente cambio uno de cuyos motores principales parece ser la innovación tanto social como económica, hay que conceder un lugar especial a la imaginación y a la creatividad; manifestaciones por excelencia de la libertad humana, pueden verse amenazadas por cierta normalización de la conducta individual. En la escuela, el arte y la poesía deberían recuperar un lugar más importante que el que les concede, en muchos países, una enseñanza interesada en lo utilitario más que en lo cultural”.

Sin duda alguna estos cuatro pilares de la educación gozan de gran consenso en el Perú y el mundo, pero ¿cuánto de ello se aplica en nuestra realidad socioeducativa? No es difícil advertir que para muchos individuos la educación se trasmuta solo en un negocio, en una actividad meramente lucrativa y no en el crecimiento espiritual de la humanidad.

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