El deber de Sócrates

El deber de Sócrates

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Por: Mario Vásquez Cohello

Platón nos narra los últimos minutos de vida del filósofo Sócrates, tras ser condenado a muerte; un texto basado en un diálogo titulado Critón, a través del cual nos deja una increíble lección digna de aplicarse hasta el día de hoy.

Después de que los jueces encontraran culpable a Sócrates debido a los cargos imputados por sus acusadores (Anito, Meleto y Licón), el filósofo ateniense fue condenado a muerte, obligado a beber un poderoso veneno conocido como cicuta.

El brebaje fatal debió ser suministrado a las pocas horas de la condena, pero dado que se aproximaba una festividad religiosa, este martirio se suspendió hasta que el ritual concluyese. Mientras tanto el filósofo aguardaba con serenidad en la prisión y recibía a amigos y discípulos, a quienes, sin duda, les afectaba la trágica situación, pero al mismo tiempo querían dialogar con él y saber lo que pensaba.

Sin duda alguna fue Critón a quien más le afectó la suerte de su viejo y querido amigo Sócrates pues se resistía a que el filósofo muriese bajo esas condiciones, ya que lo consideraba injusto.

Previamente recordemos que Sócrates nunca escribió texto alguno, por ello nos relata Platón que una madrugada –antes del amanecer– Critón llegó a la misma cama donde pernoctaba el filósofo y lo despertó con urgencia, conminándolo a calzarse y salir de inmediato de la prisión.

Sócrates quedó impactado ante la presencia de su viejo amigo y pensó de inmediato que su condena se había cancelado, para retomar su libertad y su vida. Sin embargo, Critón le dijo que nada de ello pasaba, su muerte seguía en pie, pero él y un grupo de amigos habían sobornado a algunas autoridades atenienses con el fin de que el filósofo pueda escapar y ellos pudiesen llevarlo a un lugar lejano, “donde habrá un padre para tus hijos y un maestro para tus discípulos”. 

Critón se estaba llevando del brazo a Sócrates, hasta que éste lo detuvo y le preguntó con algo de molestia ¿qué has hecho?, ¿es correcto lo que han hecho?, ¿es adecuado violar la ley cuando esta no es adversa? El viejo amigo le dijo al filósofo que la ley es injusta, que su muerte es infame y lo mejor que pueden hacer es escapar ya mismo, pues el alba empezaba a rayar.

Ante ello, Sócrates le dice a Critón que una persona no puede argumentar que la ley es buena cuando se ve favorecido y es mala cuando ocurre lo contrario. “Las leyes hay que cumplirlas, acatarlas y respetarlas, pues gracias a las leyes de Atenas”, sigue diciendo Sócrates, “mis padres se casaron y me engendraron, y gracias a esas mismas leyes yo fui educado en Atenas, y luego la ley me dio la oportunidad de defender a mi ciudad cuando está se encontraba en peligro por la guerra. Y es, precisamente, por estas leyes que yo también me casé y tuve hijos, además- insistió el filósofo- qué pensarán mis hijos de mí cuando se enteren que su propio padre desobedeció la ley porque esta le fue desfavorable. Sentirán vergüenza de mí y les daré un mal ejemplo”.

Absorto Critón, no insistió más ante Sócrates aun cuando le doliera la decisión de su amigo.

Sin duda alguna, una conducta como la de Sócrates es excepcional y admirable, pues difícilmente los ciudadanos solemos acatar con tranquilidad la ley cuando esta no es adversa. Y tú, ¿harías lo mismo que Sócrates si la ley te fuese desfavorable? O en todo caso ¿cómo sería nuestro país si sus ciudadanos y políticos tuviesen la actitud del filósofo? Vale decir, respetar la ley por el solo hecho de ser la ley y cumplir con nuestro deber.

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