¿Por qué la filosofía debe volver a la escuela?

¿Por qué la filosofía debe volver a la escuela?

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Por: Mario Vásquez Cohello

Desde hace muchos meses, un colectivo importante de estudiantes, educadores, investigadores y profesionales del campo de la filosofía, se vienen movilizando de manera activa e insisten en la necesidad de que se incluya en la malla curricular de los colegios peruanos la asignatura de filosofía, vale decir un retorno a las escuelas.

Por tal motivo grupos de estudiantes y profesores organizan conversatorios, realizan entrevistas a educadores y filósofos. Se crean foros y se abren mesas de diálogo donde se debate el por qué debe retornar la filosofía a los colegios peruanos, y aunque la pregunta puede parecer ociosa, en el contexto que vivimos se vuelve un imperativo moral, una necesidad ciudadana.

Siendo así, considero que la enseñanza de la filosofía debe empezar a temprana edad, empleando una metodología y pedagogía que los acerque y familiarice con el pensamiento crítico. Ello contribuiría a reforzar en los niños su natural capacidad de asombro, que crezcan habituados a la reflexión y que sus preguntas cotidianas se relacionen con la crítica y el análisis. Que cuando sean jóvenes e inicien la secundaria tengan una amistad con la filosofía de la misma forma en que la tienen con la historia, las matemáticas o el lenguaje; y lleguen a la adultez con una conciencia crítica que responda a los problemas que atravesamos como nación y planeta.

Pero todo esto no se logra solo con el retorno de un curso filosófico, dado que la crítica o la síntesis, por ejemplo, no son capacidades que solo deba desarrollar la filosofía como asignatura, por el contrario, deben ser ejes transversales (junto a otras capacidades) a todas las asignaturas sin excepción. Para ello es importante que el docente se encuentre debidamente preparado y, con un lenguaje sencillo y amigable, convenza a sus estudiantes de que todos, sin excepción, podemos y debemos filosofar. Que no les resulte ajeno leer a Platón o a Descartes, y podamos discutir con razón y argumentos las tesis de Marx, las ideas del filósofo peruano Augusto Salazar Bondy, o compartir las propuestas filosóficas de Adela Cortina o Nancy Fraser.

No obstante, hay aspectos que debemos considerar. Uno de ellos es que no debemos enseñar filosofía en los colegios públicos como hace 25 años, pues hoy los tiempos han cambiado, la educación no es la misma y la tecnología juega un papel crucial; además el docente debe enfrentar esos desafíos con estudiantes nativos digitales cuyo lenguaje y percepción cambia con facilidad. Entonces allí está, también, la tarea del filósofo docente, ya que debe conjugar la vigencia de los pensadores clásicos (o contemporáneos) con problemas históricos de nuestro país como el racismo, la desigualdad, la corrupción, la intolerancia, la violencia, entre otros.

Así mismo el docente debe incluir no solo el estudio de pensadores occidentales (importantes sin duda alguna), sino también mostrar que en otras regiones del mundo los seres humanos filosofaron de la mima manera (o quizás mejor) como lo hicieron un Sócrates o un Nietzsche. Lo que se logrará si se trabaja de manera conjunta con los representantes de las instituciones del Estado, maestros y familia, desarrollando un plan a largo plazo que nos permita, en un tiempo no muy lejano, lograr una ciudadanía comprometida y responsable con su realidad.

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