Crónica de un campeonato no anunciado

Crónica de un campeonato no anunciado

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Por: Intimo de corazón

Qué alegría verte a mi lado papá, abrazarnos en esta tribuna y volver a llorar juntos; como lo hicimos el año pasado. Pero hoy estas lágrimas son diferentes viejo, hoy estamos llorando de alegría, abrazando a gente que no conocemos y gritando hasta quedar afónicos: ¡Alianza campeón!

Sí, casi no puedo creerlo. Me enseñaste a amar a este equipo desde que era un niño. En medio de tantos problemas a inicios de este año, donde esperábamos jugar en segunda división y borrar la tristeza que nos hicieron vivir el año pasado cuando casi perdimos la categoría. Así llegaron algunos integrantes de este nuevo equipo que fueron importantísimos para que hoy podamos alzar la copa de campeones nacionales.
El profesor Carlos Bustos, el estratega que formó este equipo y encontró un sistema de juego que funciona como un reloj. Un equipo que no necesitaba tener la pelota los 90 minutos, sino correr toda la cancha en todo momento y cuando tenía la pelota, atacaba verticalmente a cualquiera que se pusiera frente a esta hermosa camiseta blanquiazul.
El “pirata” Hernán Barcos, a quien muchos tildaron de viejo, de acabado para el fútbol cuando recién llegó, pero que partido a partido demostró que su experiencia y su forma de tocar el balón lo convirtieron en el líder de este equipo. Wilmer Aguirre, quien a inicios de año firmó por el amor que le tiene a nuestro equipo, más allá de lo que recibiría por jugar, solo quería defender la camiseta y demostrar que su velocidad se mantiene intacta a pesar del paso de los años.
Y a estos jugadores se sumaron otros que lo dejaron todo en la cancha, como “el 10 de la calle” Jefferson Farfán, con esa categoría que le dieron los años que pasó por Europa y que volvió al equipo de sus amores para hacer realidad este sueño que hoy nos hace llorar de emoción.
Ahí veo a los jugadores perdidos entre las sonrisas, llenos de felicidad. Veo al arquero Campos, a Miguez, Mora, Lagos, Ballón; y al ver jugar a los más jóvenes, ya los puedo imaginar con la blanquirroja en el pecho representando a nuestro país.
¿Cómo explicar lo que estoy sintiendo en este momento, papá? Ese sentimiento indescriptible mostrado cada vez que empieza un nuevo partido de la blanquiazul; ese grito destemplado alentando sin cesar los 90 minutos de juego; y al final de este campeonato, el saber que cada uno cumplió con su función: ellos en la cancha y nosotros en la tribuna para demostrar que Alianza es más grande que sus problemas y que la vida nos dio esta revancha para resarcir el dolor del año pasado.
Ahora vendrá otro reto, uno que hace mucho nos tiene a mal traer a todos los equipos peruanos, la Copa Libertadores. Nos prepararemos para lo que venga y espero que podamos recuperar el prestigio que alguna vez tuvimos cuando jugábamos frente a tantos equipos extranjeros.
Pero esa será otra historia. Hoy solo disfrutemos este momento ¿verdad viejito? La vida siempre da una segundad oportunidad –como siempre me lo has dicho- y en este fin de año quedó demostrado. Ahora sigamos hinchando el pecho blanquiazul.
Te abrazo, tengo un poco de temor porque tu corazón está muy acelerado. Pero sé que es la emoción de vivir este momento. Te tomo de la mano papá, como cuando el año pasado tú lo hiciste conmigo, mientras veíamos a nuestro equipo perder la categoría. Hoy nos iremos cantando a la casa y volverás a contarme las historias de nuestras glorias, la del “Cholo”, la del “Poeta”, la del “Nene” o la de “Pitín” y una vez más estaré feliz de volver a escucharte, porque tu sonrisa también es la mía. Te amo viejito, te amo Alianza Lima.

 

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