Un paseo por el Parque Kennedy: El arte no tiene precio

Un paseo por el Parque Kennedy: El arte no tiene precio

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Crónica: Otty Barreto H.

El frío húmedo de Miraflores con esa persistente neblina no es suficiente para evitar el recorrido por el parque Kennedy, que después del encierro vuelve a lucir lleno de color y diversidad. Los anfitriones felinos aún siguen dirigiendo el trayecto. Mi atención se centra en los cuadros, maravillosas escenas plasmadas en lienzos que reflejan la variedad en formas y estilos. Una nutrida expresión pluricultural enmarcada a la luz de un tímido sol que advierte la llegada de la primavera.

Un camino pequeño y sinuoso, con grupos de pinturas custodiadas celosamente por sus mismos autores: hombres o mujeres, jóvenes o adultos mayores, de costa, sierra o selva. Acá lo importante es el arte, más allá de la limitante idiosincrasia, que acostumbra a etiquetar a personas o grupos sociales, se encuentra nuestra rica cultura que se abre paso un tanto cauta pero renuente a dejarse involucrar o manchar por esta onda divisionista de estos últimos años.

Abre el camino un enorme lienzo con el alegre color de la Lima creciente, esa erigida en los cerros donde miles de casas se dispersan en casi todo el soporte y se pierden entre los polvorosos cordones de la ciudad, “Chusty” es la firma de su autor, cuyos cuadros nos reciben en la entrada del circuito. Al lado se encuentran otros, con un estilo totalmente opuesto, pintados al óleo con árboles, lagos, surcos y una difuminada niebla; paisajes al estilo europeo de esos que según su autor, Francisco Girón, no se suelen pintar más por la paciencia y la dificultad que implica. “El arte no tiene precio”, dice mientras explica como a él lo han matado un par de veces para alzar el costo de sus obras.

Grupos de pinturas acordonan el abierto pasillo, el estilo andino es constante. Algunos con esos característicos trazos geométricos y vivos colores. Otros con estilos más realistas; retratos y paisajes representado actividades y costumbres de cada región. Y es infaltable el estilo cusqueño con cuadros enmarcados en pan de oro, en medio de los cuales no puedo dejar de mirar los rostros de niños. Resalta entre ellos una nena, cuya mirada parece seguirme, agazapada en su poncho, con algo de frío como yo, pero distante y sola. Mi sentido materno afloró, y adquirí el bello cuadro a un precio bastante asequible.

Más adelante, nos topamos con hermosos lienzos de botes anclados en la playa. Los detalles de las piedras redondeadas, salpicadas por el agua; la madera curtida de los navíos; y las redes que cubrían sus paredes nos transportaban a la zona pesquera, elementos propios de una actividad muy popular de nuestra costa. La firma en los cuadros pertenece a Willy Fernández; quien, según Guillermo Queirolo –su joven compañero– es un pintor de mucha experiencia y sus cuadros están muy bien cotizados. Al verlos todos juntos parecía como si la brisa marina se impregnara en el aire.

Lienzos elaborados por Willy Fernández.

Ese mismo joven, Guillermo, nos condujo a sus obras mientras nos relataba que en ellas mezcla pintura, acrílico y otros materiales. Además, nos contó que gusta de pintar murales y ha tenido muchas propuestas de trabajo para este tipo de obras. Los que más sobresalen entre sus cuadros son los rostros humanos o de dioses en tonos negros y grises, con matices rojos salpicados o delineando los labios de una hermosa mujer.

Lienzos de Guillermo Queirolo.

El recorrido es bastante corto, pero el tiempo parece extenderlo; cada obra, cada escena costumbrista o paisaje –rescatado de diferentes regiones de nuestro amado país– nos transporta y nos recrea vivencias de tierra adentro. Es así como dimos con Eugenia Huaytalla, una artista que trae a relucir el estilo andino del centro del país; quien con voz suave nos relató parte de su historia. El arte es su legado familiar, ella y sus hermanos heredaron ese talento de su padre, David Huaytalla, quién partió de este mundo el año pasado junto a su madre, víctimas del COVID-19. Mientras su voz se entrecortaba era inevitable no perderme en la tristeza del mar que, algo cuarteado, reflejaba el ocaso, en un pequeño cuadro donde un velero parecía interponerse entre el sol y el mar.

La posibilidad de llevar a casa una de estas obras dependerá de nuestros ingresos, pero nada nos impide poder apreciarlas de cerca. Un recorrido a través del maravilloso arte de la pintura se encuentra a nuestro alcance en este parque miraflorino, cada fin de semana y además nos ayuda a apreciar la diversa gama cultural de nuestros dedicados artistas locales.

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