¿Cuál es la naturaleza del ser humano?

¿Cuál es la naturaleza del ser humano?

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Por: Mario Vásquez Cohello

Una de las preguntas más relevantes en la historia de la filosofía, está referida a la naturaleza humana, vale decir ¿el hombre es bueno o malo por naturaleza? ¿somos seres evolucionados o creados por algún Dios? ¿Nuestra forma de ser es sociable o individualista?

Estas interrogantes, y algunas más, han tenido muchas respuestas y han suscitado debates interminables, con teorías aceptables y otras refutables, todas ellas trabajadas en la antropología filosófica. No pretendo dar una respuesta única y absoluta a cada uno de los cuestionamientos, pero sí, ofrecerles alguna alternativa que les permita a ustedes, amables lectores, decidir.
Hacia el año 300 a.ne., en la antigua Grecia, el filósofo Aristóteles, señalaba en La política, que el hombre es un ser sociable por naturaleza, pues por ella es que un varón se une a una mujer, ya que uno necesita del otro, aunque el varón ha de mandar, porque él posee inteligencia que la mujer carece. Aunque el filósofo sostenía que entre los varones también hay diferencia, dado que algunos nacen para mandar y otros nacen para obedecer. En otras palabras, los hombres somos distintos por naturaleza.
Ahora bien, una vez establecida la unión de un varón con una mujer, han de formar una casa, la misma que requiere de otra y de otras (por las necesidades que hay que satisfacer), formando así la aldea; y esta a su vez, se junta con una u otra aldea, formando así la ciudad o polis; concluyendo que el hombre que viva fuera de una ciudad o polis, o es un Dios o es una bestia.
Además, dado que para Aristóteles la naturaleza no hace nada en vano, la sociabilidad del hombre se manifiesta porque él es el único ser que posee palabra y razón, y con estos atributos, el hombre puede diferenciar lo justo de lo injusto, lo apropiado de lo inapropiado, y al diferenciar el sentido del bien y del mal, puede establecer una escala de valores para la convivencia humana, diferenciándolo, por ello, de los demás animales.
Esta tesis aristotélica con respecto al hombre, a la mujer y a la diferencia natural que hay entre varones, se mantuvo casi intacta durante todo el periodo medieval, hasta los albores de la modernidad, cuando en Inglaterra, Thomas Hobbes (1588) refutó las ideas del sabio griego y propuso otras, que marcarían la antropología occidental hasta la actualidad.
Tanto en Leviatán como en De cive, el inglés señaló que las ideas de Aristóteles no tienen asidero, pues los hombres en primer lugar son iguales por naturaleza, y si en algo se parecen más es en su vanidosa sabiduría con respecto a los demás. Y dado que somos iguales en nuestras capacidades también lo somos en nuestros fines. Y como los fines no son alcanzables para todos, entonces sobreviene la guerra de todos contra todos, pues si algo procuramos es nuestro beneficio o conveniencia. La individualidad sobre lo demás.
Ahora bien, para evitar esta lucha fratricida, es que los hombres deciden pactar y ceder un poco de su libertad a cambio de mantener su vida, y para ello –mediante un contrato – le ceden un poder a alguien que sea capaz de mantener a los hombres a raya, y este alguien es el Estado, que surge producto de un contrato social.
El Estado, con el monopolio de la violencia, surge, no como una entidad natural (como lo pensaba Aristóteles), sino como un ente artificial (propuesta de Hobbes), creado por los hombres, para su propia supervivencia. Por lo tanto, el hombre se ve obligado hacer ello, pues de no hacerlo terminará acabándose por completo, y ello en virtud de nuestro acendrado individualismo. Y para usted ¿el hombre es social o individual por naturaleza?

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