Los verdaderos libertadores

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Por: Paco Yunque

Aprovechando el lanzamiento de la miniserie de ficción histórica Los otros Libertadores, basada en los hechos heroicos de Túpac Amaru II, Mateo Pumacahua, María Parado de Bellido, Mariano Melgar y José Olaya, te contamos cuatro cosas que tal vez no conocías del Curaca de Surimana, Tungasuca y Pampamarca.

Fue una rebelión sangrienta

Inicialmente, Túpac Amaru y Micaela Bastidas intentaron ponerle límites al actuar de sus aliados. Con el tiempo perdieron el control de sus tropas. Al final la rebelión se convirtió en un baño de sangre, tanto para los realistas como para los indios sublevados; a tal punto, que no se recuerda si hubo presos, ni de los españoles contra los indios, ni de los indios contra los “cabezas rojas”, como se les llamaban a los realistas. La cantidad de muertos empezó con 2 u 8 personas y aumentó a 500 y 800 aproximadamente. Llegando al final a contabilizarse entre 80 a 100 mil personas. Se calcula que la población inca de esa época, era alrededor de 1.5 millones de personas. Un pueblo que hoy casi no existe.

Los rebeldes casi toman el poder

La rebelión tuvo dos fases: La primera, que ya conocemos, se inició en 1780 y culminó en mayo de 1781, con la muerte de Túpac Amaru II y su familia; y la segunda que se inició desde junio de 1781 hasta julio de 1783 y fue dirigida por Diego Cristóbal Túpac Amaru, primo del líder rebelde. En esta fase, los realistas llegaron a pensar que podían perder la guerra desde Potosí hasta Cusco y el ejército indio casi toma el poder. Las malas decisiones que tomaron los sublevados evitaron que vencieran a los realistas. El 19 de julio de 1783, Diego Cristóbal Túpac Amaru fue ejecutado junto a su madre y otros acusados, poniendo fin a la rebelión.

El rol de Micaela Bastidas Puyucahua

A pesar de haber sido analfabeta, esta admirable mujer, cumplió un papel preponderante en la campaña contra los españoles. Como esposa del Curaca tomó el encargo de supervisar la logística de la rebelión, velando porque no faltaran comida, alcohol, balas y hojas de coca entre los indios. Así también, se encargaba de la administración de los gastos cuando su esposo viajaba.

Un sector de la iglesia católica ayudó a mitigar la rebelión

El Obispo del Cusco, Juan Manuel Moscoso y Peralta, organizó la contrarebelión, juntando dinero para la defensa de la ciudad. Este Obispo tomó dos medidas fundamentales: 1. Expulsó a Túpac Amaru de la iglesia católica a pesar de ser un hombre muy devoto, junto con su esposa. 2. Obligó a sus sacerdotes a quedarse en la zona que los rebeldes habían tomado como base, porque estaba seguro -conocía muy bien a Túpac Amaru- que no les harían daño ni quemarían sus iglesias como los españoles hacían creer a todos. Así, aprovechaban las misas para hablar en contra de la rebelión.

Fuente: La rebelión de Túpac Amaru – Charles Walker.

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